Tema: ¡Hay vida en Jesús!


“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (S. Juan 3:14‭-‬15 RVR1960)

Tengo que admitir que durante mucho tiempo he leído este versículo y no había reconocido la comparación entre la serpiente que alzó Moisés en el desierto y la resurrección de Jesús. Y para explicar mi conclusión, tengo que presentarle la siguiente historia.

Luego de que Dios entregara los cananeos a Israel, el pueblo se disponía a rodear la tierra de Edom. La diferencia ahora es que el pueblo de Israel estaba desanimado. Y ese desánimo hizo que hablaran en contra de Dios y en contra de Moisés.”Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano.” (Números 21:5 RVR1960)

¿Cuántas personas, hoy día hablan en contra de lo que Dios hace, permite, nos pide que hagamos o dejemos de hacer? ¿Y cuántos de nosotros hablamos en contra de los líderes que Dios puso para guiarnos en el desierto? A mi entender, muchos de nosotros no estamos lejos de ese pueblo de Israel. Por lo tanto, tampoco estamos lejos de sufrir las consecuencias de actuar de la misma manera. “Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel.” (Números 21:6 RVR196

Es de esperarse que a nosotros no nos agraden cosas que Dios nos dice que hagamos, porque nos gustaría hacer otras. Al igual que el pueblo de Israel, nosotros hemos sido esclavos del mundo y nos hemos mezclado con las cosas del mundo. Así que al conocer las cosas del mundo, deseamos y hacemos algunas cosas del mundo. Lamentablemente, no todo lo que conocemos, deseamos y hacemos nos conviene o agrada a Dios.  

Por ejemplo, si al igual que Israel nos gusta el pan que comíamos en Egipto, o sea, igual que cuando vivíamos en esclavitud del pecado y Dios nos rescató a través de un líder o su palabra escrita. Y luego de ese rescate, Dios nos envió un pan más liviano para comer. Ese pan debe ser mejor para nosotros porque proviene de Él. ¿Cierto?

Pero a veces aunque no queramos, es probable que recordemos el pan de Egipto y deseemos comerlo. Y más aún si no conocemos o buscamos conocer las razones por las cuales Dios nos está supliendo ese pan y no otro. Esto pasa porque se nos olvida todo el daño escondido entre casas, comida, y alegada seguridad que sentíamos en Egipto (vida de pecado sin sentirnos culpables, sino víctimas de algo externo a nosotros) cuando éramos esclavos. 

Yo no creo que el problema es pedirle a Dios algo diferente, más bien, creo que el verdadero problema es en cómo pedimos o nos acercamos a Él para recibir algo diferente. Es más, imagínate el pueblo quejándose, pero sin hablar o acercarse a Dios para saber el por qué de ese pan y entonces aprender a valorarlo. Creo firmemente en que Dios quiere que pidamos y que recibamos, pero también quiere que nos acerquemos a Él reconociendo nuestro pecado. Además, teniendo en cuenta de dónde nos sacó y teniendo una actitud de gratitud por la libertad que recibimos en Él. Todo lo que Dios ofrece es mejor que lo que el mundo ofrece, pero a veces deseamos algo de nuestro pasado, no porque sea mejor, sino porque nuestro cuerpo ya está contaminado o porque queremos algo diferente. Y si se lo decimos a Dios y le pedimos con buena actitud, Dios nos limpiará de toda contaminación y nos dará algo diferente y mejor que nuestro pasado o deseos. 

Por otro lado, puedo entender cómo muchos líderes han roto nuestra confianza y otros simplemente no nos gusta su manera o forma de liderar. El primero nunca fue líder o se perdió tratando de guiarse a sí mismo, pero el segundo, siempre y cuando esté siendo guiado por Dios y su palabra, es líder y hay que obedecer. A nosotros nos debe interesar más la palabra de Dios en el líder, que su personalidad u oratoria. Ahora bien, si lo que dice va en contra de la palabra de Dios, entonces no es un líder de Dios. 

Por esta razón, es nuestro deber guiarnos cada día por el mapa del camino, ese mapa es la palabra de Dios escrita. Necesitamos encontrar un líder que haya conocido el desierto, haya conocido a Dios, haya vencido el desierto y que ahora camine junto con nosotros guiándonos por Él. La buena noticia es que ese líder es Jesús y está vivo. Y es mucho más fácil cuando dejamos que Jesús vaya guiando el camino, que cuando nosotros queremos guiarnos a nosotros mismos por el.

Si no me creen lean cuánto tiempo el pueblo de Dios estuvo dando vueltas por el desierto y por qué. Estoy seguro de que el pueblo de Israel hubiera llegado más rápido a la tierra prometida si el pueblo hubiera hecho lo que Dios decía a través de Moisés. Y eso me hace pensar que Jesús (su llegada prometida) ya hubiera llegado a buscar a su iglesia, si su pueblo también hubiera seguido su palabra y su liderazgo. 

“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.” (S. Juan 3:5‭-‬7 RVR1960)

Jesús nos está diciendo que hay que nacer de nuevo. Eso significa que, cuando conocemos y creemos en Él, debemos buscar aprender buscando nuevas experiencias en Jesús, para aprender nuevos hábitos, habilidades, gustos, conocimientos, etc., que estén dentro de la voluntad de Dios. Nuestra esclavitud del pecado fue en la carne, por lo tanto, debemos renunciar a ella para que nuestra libertad llegue por el Espíritu y ese Espíritu de libertad llega cuando reconocemos nuestro pecado, nos arrepentimos de nuestro pecado, nos ponemos en frente de Jesús, le pedimos perdón y aceptamos su perdón y gracia. Aceptamos su salvación a través de su sacrificio y es por Él que nacemos de nuevo cuando pasamos de muerte a vida. 

Cuando las serpientes mordían y envenenaban al pueblo de Dios, muchos perdían su vida, pero cuando se arrepintieron Dios le dio instrucciones a Moisés para que la gente arrepentida no muriera. “Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.” (Números 21:7‭-‬8 RVR1960) 

Hoy puedo entender que, al igual que Dios mandó a Moisés a levantar esa serpiente de bronce para que todo el que la mirara viviera. Así también, Dios mandó a Jesús a la cruz para que todo el mordido y envenenado  con el mundo y sentenciado a muerte, al mirar a Jesús de frente no muera, sino que viva y viva para siempre. ¡Qué hermoso es nuestro Dios! Y qué maravilloso es que Dios levantó a Jesús de la muerte y todos los que creemos en Él también seremos levantados y viviremos. 

¡Jesús está vivo! ¡Dale una oportunidad! ¡Serás limpio y vivirás!

Con mucho amor,

A. Lamboy

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