Tema: Resucitando tu fe y esperanza.

Lucas 24: 13-34

En la lectura que hago referencia, hay dos amigos cargados de tristeza que caminan de regreso a su casa luego de haber estado trabajando esperanzados en la obra de Jesús. Ya resucitado, Jesús se les aparece en el camino mientras ellos discutían sobre su muerte en la cruz. Sabiendo que no lo reconocen, Jesús les pregunta: ¿de qué están discutiendo? Los dos amigos le preguntan: ¿acaso tú eres el único que no ha oído lo que ha ocurrido? Jesús, conociendo todas las cosas, aun así, les pregunta: ¿qué pasó? Los amigos le explican sobre un hombre llamado Jesús, que era de Nazaret. Era un profeta que hizo milagros poderosos; también era un gran maestro a los ojos de Dios y del pueblo. Sin embargo, los principales sacerdotes y otros líderes religiosos lo entregaron para que fuera condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros teníamos la esperanza de que fuera el Mesías que había venido a rescatar a Israel. No obstante, algunas mujeres fueron a su tumba y dijeron que habían visto ángeles que les dijeron ¡Jesús está vivo! Entonces Jesús les dijo: ¡Qué necios son! Les cuesta tanto creer en lo que los profetas escribieron en las escrituras. ¿Acaso no profetizaron claramente que el Mesías tendría que sufrir todas esas cosas antes de entrar en su gloria? Entonces Jesús los guió por los escritos de Moisés y de todos los profetas, explicándoles lo que las escrituras decían acerca de Él mismo.

Quiero hacer hincapié en que ambos amigos estaban caminando tristes de regreso a su casa. Ellos habían sido seguidores de Jesús y lo habían visto hacer milagros poderosos, pero ya no tenían la esperanza de que fuera el Mesías, porque había muerto ya hace tres días. Jesús les explicó y repasó todo lo que las escrituras decían sobre Él. Hasta ese momento los amigos lo escuchaban interesados, pero aún no habían reconocido que quien les hablaba era el mismo Jesús. Me parece revelador que cuando los amigos, al ver que era tarde, invitan a Jesús a entrar en su casa, es entonces que los dos amigos al ver a Jesús partir el pan lo logran reconocer como el Mesías.

Les confieso que al igual que esos dos amigos, en muchas ocasiones mientras caminaba en tristeza, desesperanza, rencor, dudas, Jesús salió a mi encuentro y yo no le reconocí. Y pienso que una de las razones por las cuales no tenía seguridad de que Jesús me estaba hablando es porque no había repasado, leído y estudiado la biblia de manera constante. También, pienso que me distraía con las cosas que decía la gente o lo que estaba pasando a mi alrededor. Aclaro que siendo criado con un abuelo Pastor y dentro de una familia cristiana, yo había leído la biblia, escuchado sermones, visto personas cambiar de una manera increíble, escuchado personas testificar sobre milagros en sus vidas; aún más, hasta en mi vida y mi familia había visto y sentido a Dios obrar maravillosamente. Incluso acepté a Jesús como mi Salvador a los 12 años, pero en el 2008 sentí que debía y tuve que reconciliarme con el Señor.

Hermanos y hermanas, durante ese tiempo yo sé que en el camino Jesús me salió al encuentro muchas veces, pero la diferencia entre los dos amigos caminando a Emaús y yo, es que en cada encuentro yo no invitaba a Jesús a entrar y lo dejaba ir. Ese es un error que yo no quisiera que cometieran ustedes.  Ciertamente yo no soy perfecto y he cometido muchos errores, pero tengo que decirles que no fue hasta que invité a Jesús a entrar nuevamente a mi casa, y a mi vida, que lo pude volver a ver y sentir que todavía hay esperanza para mí y para quienes me rodean. Jesús repasó las escrituras con esos dos amigos y luego aceptó la invitación de ellos a su casa. Esas acciones nos enseñan que nosotros también debemos leer, repasar y escudriñar las escrituras, así como lo hizo con esos dos amigos. Asimismo, nos enseña que cuando invitas a Jesús a tu casa y a tu vida, Él acepta la invitación, entra y reparte alimento. ¡Jesús cambia la desesperanza en esperanza, el lamento en baile, el dolor en alegría y hasta la muerte en vida y vida en abundancia! ¡Lo hizo conmigo y lo puede hacer contigo también!

Cuando los dos amigos reconocieron que quien les hablaba y repartía los alimentos era Jesús, no pasó una hora y ya estaban de regreso a Jerusalén. Eso significa que Jesús también resucita la fe que está muerta, y que no importa la razón que exista para que la fe esté muerta, Jesús la puede resucitar. Solo tienes que invitarlo a entrar a tu vida y reconocerlo como tu único Salvador. Estos dos amigos volvieron a creer y pusieron en acción su fe caminando de vuelta a su lugar de trabajo. Al llegar a Jerusalén pudieron confirmar que lo que se decía de Jesús era verdad. ¡Jesús está vivo, el Señor ha resucitado de verdad! ¡Cuán hermoso es saber que nuestro Señor y Salvador resucitó y que a aquellos que todavía no creen en su resurrección o a los que no tienen esperanza, les sale al encuentro en su camino para resucitarlos junto con Él!

Hay ocasiones en las que sabes que Jesús está hablando a tu vida y lo has dejado ir. Incluso los dos amigos de los que te escribo hoy, sintieron que su corazón ardía mientras Jesús les hablaba, pero no fue hasta que lo invitaron a la intimidad de su hogar que lo pudieron reconocer. Si sientes que Jesús te está hablando hoy, invítalo a tu vida, Él va a entrar y te dará alimento de vida. Te aseguro que volverás a ver lo que es verdaderamente importante en la vida. Las distracciones no serán más grandes que tu esperanza, porque tu fe se renovará y correrás a servir al Señor como los dos amigos corrieron a Jerusalén. 

¡Que Dios te bendiga!

Atentamente,

                                                 A. Lamboy

 

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