Tema: ¿Eres alguien que da buen sabor a la tierra?

Hola, espero que se encuentren bien. Quiero compartir un evento ocurrido el sábado pasado. Mientras mi hija me ayudaba a cocinar la cena, tomó un plátano frito y me pidió sal. Yo puse un poco de sal en mi mano y ella tomó un poco y lo echó en el plátano. De repente, mi hija exclamó: ¡Ahora tiene más sabor! 

En ese momento recordé que Jesús dijo que quienes creemos en Él somos la sal de la tierra. Así que, aproveché para preguntarle a mi hija: ¿sabes que nosotros somos la sal de la tierra? Ella un poco dudosa preguntó: ¿cómo? Yo busqué la Biblia y leí: Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. (S. Mateo 5:13 RVR1960)

Acto seguido busqué otro plátano y le dije que por sí mismo el plátano tenía sabor, pero que con la sal su sabor resaltaba por encima de los que no tenían. Le propuse a mi hija que imaginara el plátano como si fuera la tierra y a la sal como aquellos quienes han creído en Jesús como hijo de Dios y Salvador de las almas. Proseguí a echar sal al plátano y le mostré que con la sal sabía mejor. Le continué diciendo que nosotros somos como el plátano sin sal, hasta que aceptamos a Jesús como nuestro salvador y confesamos nuestros pecados a Él. Así podemos recibir al Espíritu Santo, quien nos resalta el sabor que Jesús nos da para que podamos dar sabor a su creación. 

Luego de haber hablado con mi hija, reflexioné que hay comidas que si no tienen sal, la gente las bota en el zafacón o trata de arreglarlas con otros condimentos que lo que hacen es dañar el sabor puro de ese alimento. A diferencia de otras personas que prefieren botar o rechazar a aquellos que se alega tienen mal sabor en la sociedad, Jesús vino al mundo por ellos y quiere que nosotros compartamos de la sal que Él nos ha brindado con quienes no la tienen. Jesús vino al mundo para darles buen sabor a todos los que le creen. Por lo tanto, los hijos de Dios deben querer, procurar, resaltar y compartir el sabor de Jesús en la tierra.  

Al continuar leyendo el versículo, Jesús hace estas preguntas: “Qué pasaría si la sal no existiera más en la tierra? ¿Con qué sería salada?” Y Él mismo contesta que la tierra sin la sal no serviría para nada, solo para ser echada fuera, olvidada y destruida. 

Podemos reflexionar que la tierra será destruida por juicio de Dios cuando haya buscado a su iglesia, pero también podemos pensar que la tierra hoy está siendo destruida por el hombre.

Tengo que decir esto con mucho respeto y amor por las almas. La tierra no ha sido olvidada por Dios porque sus hijos están en ella, pero recuerden que Jesús prometió volver por su Iglesia y cuando eso pase la sal de la tierra ya no estará. Lo que nos dice que la tierra, destruida por el hombre que no aceptó su pecado e ignoró el sacrificio de Jesús en la cruz, ya no será responsabilidad de Dios. 

Existen dos grupos: 

Los que aceptan públicamente a Jesús como su Señor y Salvador. Procuran seguir las leyes, respetan a los demás, tienen valores morales y de convivencia, son confiables, su sí es un sí y su no es un no. Rechazan hacer todo lo que está fuera de la voluntad de Dios. No son perfectos, confiesan sus pecados a Dios y piden dirección a Él.

Los que no aceptan a Jesús. Procuran satisfacer sus propios deseos sin pensar en los deseos y la voluntad de su Creador. Muchos no piensan en las necesidades de las demás personas con quienes conviven. Por lo tanto, no siguen las leyes intencionalmente y otros no las siguen por desconocimiento. De todas maneras, afectan el bien común y la convivencia social. 

Lo más preocupante para mí es que no solo la gente los percibe al segundo grupo sin sabor, sino que en ocasiones ellos mismos no se sienten con sabor y tratan de condimentar su falta de sal con conductas disfuncionales, drogas, alcohol, tratando de ser “cool” para la gente y siendo alguien distinto a lo que Dios quiere y sigue queriendo para ellos o para ellas. Por otro lado, hay quienes son buenas personas, siguen las leyes y tienen una sana convivencia, pero aun así, no reconocen a su Dios. Lamentablemente, esas personas solo tienen el sabor natural que se les dio al ser creados, pero no tienen la sal que se les da a aquellos que son llamados hijos de Dios.

Honestamente yo no sé en qué grupo estás, pero sé que Dios quiere que seas renovado por la sangre de Cristo. ¡Dios te ama! Te ama tanto que envió a su hijo al mundo para que el mundo fuera salvo por Él. (S. Juan 3: RVR1960) Jesús vino al mundo para librarnos de la muerte y darnos vida. Y la vida tiene mejor sabor cuando se tiene a Jesús como Salvador y Restaurador. Con Él somos la sal de la tierra. Somos quienes le damos sal al que la necesita, cuidamos a la creación y oramos para que Dios no la olvide y la proteja. 

Les exhorto a conocer a Jesús, dejar de destruir y resaltar el sabor que solo Él puede dar. 

¡Qué Dios les bendiga!

Con amor,

A. Lamboy

“Me entrego a ti” escrita e interpretada por Héctor Rivera Carrasquillo. Espero que puedan meditar y reflexionar en esta canción y que podamos ser sal en la tierra.

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