Tema: Confesando mi ansiedad.

Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

(S. Mateo 6:25‭, ‬32‭-‬34 RVR1960)

Hoy este artículo es una confesión a mi Señor y a todos los que leerán el mismo. Yo, por la gracia de Dios, he superado muchos obstáculos en la vida. Y en cada uno de esos obstáculos, muertes repentinas, metas, situaciones, experiencias, hubo una confianza extraordinaria, porque reconocía que Dios estaría en todo y que al final su voluntad iba a ser para mí ganancia. Y eso me hacía sentir bien y hasta orgulloso por haber llegado a ese nivel en mi relación con Dios. 

Todo lo que me proponía lo lograba. Quería ir a la universidad, entraba a la universidad. Quería entrar al R.O.T.C, entraba al R.O.T.C. Quise dejar todo y entrar a formar parte de la Policía de Puerto Rico, más que nada,  para independizarme y así sucedió. En menos de tres meses ya estaba en una academia. De ahí escogí trabajar en el Precinto 362 de Monte Hatillo y dentro de sus altas y bajas conocí gente maravillosa de la cual aprendí buenas cosas y en especial a sobrevivir. Luego trabajé en la Comandancia de San Juan, vigilancia, Calidad de Vida Escolar, Precinto 166, Academia del Negociado de la Policía de Puerto Rico y hasta profesor en una universidad, entre otras cosas que me llenan de orgullo. 

En todas esas etapas yo confiaba en que Dios estaría conmigo y así lo hizo. Llegué a dirigir Calidad de Vida Escolar a petición de António López Figueroa, hoy Comisionado del Negociado de la Policía de Puerto Rico. Y al final de mi carrera como Policía, fui profesor y Director de Ciencias Sociales y Policiales en el departamento de facultad en la Superintendencia Auxiliar de Educación y Adiestramiento. Dios me permitió durante esos años la oportunidad de educarme en criminología, psicología y obtener una licencia para ejercer la práctica de psicólogo en Puerto Rico.  No niego que tenía mucha ansiedad, pero me movía cada día confiando en que Dios obraría a mi favor y al favor de los demás.  

Al retirarme de la Policía, para emprender nuevas aventuras y trabajar en unos compromisos familiares todo comenzó a cambiar. Mi país, lenguaje, posición y también cambió mi confianza para lograr lo nuevo que me propongo alcanzar. Quizás olvidando que quien me guió, abrió y cerró puertas durante esos años de mi vida sigue siendo el mismo. Dios nunca ha dejado de acompañarme en el trayecto, pero confieso que por mucho tiempo pensé en lo que yo quería y entiendo que ahora debo acceder a buscar que es lo que Dios quería y sigue queriendo para mí. 

Uno de los problemas que he enfrentado en mi vida es que a la hora de tomar decisiones se me hace difícil, ya que lo pienso y analizo mucho. Tanto, que a veces dejo de hacer algo por tanto analizarlo. Y pues todavía hoy tengo muchas opciones para escoger y quizás eso me detiene.

A mi parecer, hoy no tengo la confianza de saber si estoy encaminado a donde Dios me quiere o si he seguido tomando decisiones por mí mismo. Y creo que la contestación a mi pregunta está en los versículos anteriores. Muchas veces he hablado, mencionado y hasta predicado sobre que debemos buscar el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas. Pero al parecer en algún momento del camino estoy más enfocado en mi futuro, que en mi presente con Dios y con la vida. 

En otras palabras si aún no estoy claro en lo que Dios quiere que haga mañana, es necesario que lo busque hoy.  Sólo así podré encontrar o reconocer cuando se abra la puerta correcta para entrar. Dios me ha dado más de lo que le he pedido y yo reconozco que no he sido recíproco. Yo sé que Él me llamó al altar y aún estoy detenido. No porque no quiera hacerlo, más bien porque no soy digno de tal labor. Y aún reconociendo que todas las cosas son hechas nuevas en Jesucristo, mis manchas son tan grandes que yo mismo me condenó en un juicio que ya fue ganado gracias a Él. Pero mi enfoque ha estado en el qué dirán y no en el que dirá Dios de mí y de mi acción. 

Les comenté por encima sobre mi trayecto profesional, para que vean que aunque todas esas posiciones eran retantes y traían ansiedad a mi vida, las pude realizar a la mejor de mis capacidades. Debemos recordar que la ansiedad hasta cierto punto es buena, pero pasado ese punto detiene y perjudica nuestra salud mental. 

Ahora que el llamado se trata de algo que va por encima de mis capacidades y que no depende totalmente de mí, pues me detengo, porque aunque sabía que Dios me ayudaba en las otras labores, también entendía que poseía las capacidades para hacerlo y no fallar a mi trabajo profesional. Pero ahora que siento la inquietud de responder con prontitud al llamado de Dios, estoy paralizado. 

La razón principal es que soy un pecador en tratamiento y no quiero que a consecuencia mía se vea afectado el evangelio de Jesucristo. La segunda es que ese llamado aún no está del todo claro o al menos eso es lo que me digo para justificar mi procrastinación. La tercera razón, es que mi humanidad se inclina a seguir el camino profesional dejando a otros el trabajo fuerte y cada día más difícil de predicar el evangelio de Jesucristo tal y como está escrito. La cuarta razón, es que sabiendo que Él suplirá todas mis necesidades, a veces económicamente ha fallado mi confianza. Y otras excusas más, que aunque válidas para el hombre, no necesariamente lo son para el que te llama a hacer su voluntad.

Digo todo esto para confesar que estoy ansioso y que debo dejar de enfocarme en las cosas de este mundo, aunque por ahora trabajo y me encuentro dentro de él. Porque la verdad es que sea lo que sea que tenga que hacer dentro de la voluntad de Dios, primero tengo que buscarlo a Él y entonces todo lo demás llegará. Y entonces, en ese momento tendré la fuerza de voluntad y espiritual necesaria para que no me importe mi humanidad, mi autoestima, mi pasado, ni el qué dirán. Sino que solo me importará que dirá Dios de mí. 

Así que en esta confesión trato de que otros vean que aún un psicólogo que conoce terapias, estrategias, modelos y técnicas para afrontar el estrés y la ansiedad, también las padece y necesita en ocasiones, aún cuando ayuda a otros, ayuda para trabajar con ella. Ahora mismo lo primero es que comenzaré obedeciendo a Jesús y preocupándome por el día y los males de hoy. Ya mañana me preocuparé por lo que traiga. 

Volveré a vivir confiado de que lo que logré, lo volveré a lograr por Él y lo que no, también será voluntad de Él. Mi meta será buscarlo y enfocarme en su palabra. Todo lo demás Dios me lo proveerá  en su momento. 

Gracias por apoyar LAmbWord.com. 

Gracias por ser parte de este ministerio. 

Con mucho amor, 

A. Lamboy

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