Tema: ¿Bueno o malo? 

“Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.” (Génesis 3:4‭-‬6 RVR1960)

Cuando era profesor de ética, un tema importante se discutía con mis estudiantes. Esa discusión trataba sobre el principio de la conducta moral e inmoral. En principio se reconoce que el conocer trae el deseo y el deseo trae el hacer, pero esto establece un momento de decisión moral. Ese momento trata sobre decidir si lo que vamos a hacer es bueno o malo para nosotros como individuos o como sociedad. Es importante reconocer que depende del lugar donde nacemos y en la cual nos desarrollamos va a depender de qué vemos cómo bueno y qué vemos cómo malo. 

Esto era algo que llamaba mi atención mientras se discutían estos temas. No todos veían una conducta de la misma forma. Esto dependía de su experiencia social. 

Desde el comienzo Dios creó una Ley Moral, pero hubo ángeles que no estuvieron de acuerdo con esa Ley. Dios nos creó a nosotros con una base moral y también hemos decidido desobedecer. Cuando Adán y Eva conocieron la fruta prohibida la desearon, pero sabían que no estaba bien comerla, porque Dios se los había informado. Aún así seguían pensando en comerla, pero no lo hacían porque creían en Dios y en las consecuencias de desobedecer.

Lamentablemente, el enemigo de las almas, vio sus deseos y los engañó. A Eva le dijo que iban a conocer todo, lo bueno y lo malo. Y que Dios les había mentido porque ellos no morirían. Y Adán al ver que Eva no había ”muerto” también quería satisfacer su deseo de comer la fruta. Es lamentable que todavía hoy día somos como Adán y Eva. Dios nos deja claramente cuál es su Ley Moral, pero seguimos creando nuestra propia ley moral, para así poder decidir lo que a nosotros nos parece bueno o malo. Hacemos esto sin darnos cuenta de que estamos creando verdaderas divisiones, porque nuestra ley nos hace a nosotros jueces y no acusados. 

La Ley Moral de Dios es perfecta y nos acusa a todos. No crea discriminación, porque es justa para todos. A diferencia de lo que otras personas hayan decidido creer y exponer, la Ley Moral de Dios no nos esclaviza, sino que nos libera. Nos deja saber que debemos hacer para agradarle y para ser verdaderamente felices. Dios sabiendo que nuestra moral dependería del lugar que nos viera nacer, de la cultura que nos ayudaría a desarrollar y la crianza de nuestra familia, amigos, instituciones y leyes, nos envió a su hijo para que no fuéramos justamente condenados, sino para que a través de Jesús, quien fue injustamente condenado, nosotros fuéramos injustamente libertados. 

Un día como hoy Jesús entraba por la puerta de Jerusalén reconociendo que moriría por nosotros y aún muchos se preguntaban quién era Él. Te exhorto a pensar que hoy Jesús está entrando a tú vida para pagar por tu desobediencia. Te pregunto ¿reconocerás que Él es Dios? ¿Aceptarás que luego de conocer el bien y el mal, a consecuencia del enemigo has deseado muchas cosas que sabes que no están bien delante de ese Dios? Desde el principio establecimos que hay que conocer para desear y que nuestra acción dependerá de las consecuencias, ya sea para nosotros o para nuestras relaciones interpersonales. 

Pues hoy quiero que conozcas a Jesús, Él murió por amor a ti y honestamente espero que desees conocerlo y entregarle tu corazón. Jesús es bueno para ti y tu familia. Las consecuencias de entregarte a Él son perfectas. Sí la respuesta es Sí, dile a Jesús que lo reconoces como el Rey que trajo Salvación a tu vida. Tus malas acciones serán borradas y todas las cosas serán hechas nuevas, porque habrás pasado de muerte a vida y vida en abundancia. Jesús murió, vivió y venció a nuestro enemigo. Por lo tanto, ¡eres libre! 

Dios te bendiga y haga su voluntad en tu vida. ¡Así también en la mía! ¡Amén!

Con Amor,

A Lamboy

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