Tema: La importancia del arrepentimiento y la confesión.

Génesis 4-14,16

Cuando leía estos versículos sentí que nuevamente tenía que estudiarlos y profundizar más acerca de lo que ocurría física y espiritualmente mientras Dios y Caín conversaban. Ciertamente, Caín había hecho algo malo, pero Dios todavía hablaba con él y le escuchaba. Si lees el capítulo sabrás que en ningún momento Caín se hace responsable de la muerte de su hermano y demuestra que no hay un verdadero arrepentimiento o confesión. Por esta razón, Caín se aleja de la presencia de Dios y se va a esconderse a una tierra extraña temiendo por su vida. 

Caín mató a su hermano Abel y ahora teme por su vida. Si escucháramos y actuaramos como Jesús nos manda no habría temor, ni la necesidad de escondernos de su presencia. Jesús dijo que nos amaramos los unos a los otros y eso conlleva a no hacer a otros lo que no nos gustaría que nos hicieran. Ciertamente, Caín no quería morir pero aun así mató a su hermano en un ataque de cólera. Hay razones por las cuales podemos comprender su acción, pero no la podemos justificar. Caín, al no confesar lo que había hecho y no mostrar arrepentimiento, se separa de su Dios. Eso se llama rebeldía. 

Caín, como tú y como yo, era un ser humano que cometió errores, que desobedeció las palabras e instrucciones de Dios y que por no confesar su desobediencia y arrepentimiento se convirtió en extrangero de la tierra que Dios le había dado como hijo. A veces, nosotros estamos actuando de acuerdo a Caín. Desobedecemos a Dios, nos equivocamos, hacemos mal a otros buscando nuestro propio beneficio, mentimos para no atender nuestras obligaciones con la gente y/o con el estado, entre otras tantas cosas. Al igual que Caín deseamos y esperamos que nadie nos haga lo mismo a nosotros. 

O sea, sabemos que lo que hacemos está mal, pero continuamos nuestra conducta aunque perdamos nuestras bendiciones. Hermanos y hermanas, la verdad es que cuando hacemos mal a otros, nos hacemos daño a nosotros mismos y peor aún, si no confesamos ese mal delante de Dios y no nos arrepentimos, nuestro destino es morir fuera de la presencia de nuestro Creador.

Dios no nos quiere muertos, Él nos quiere vivos. No importa lo que hayamos hecho Dios nos quiere vivos. Caín tuvo la oportunidad de confesar su asesinato y mostrar verdadero arrepentiemiento y no lo hizo. Eso demuestra que no todos lo harán. No todos tomarán la decisión correcta. Y a ellos les dijo que tengan cuidado con sus acciones, porque traen consecuencias a su vida y a las personas a su alrededor.

He pensado mucho sobre este tema y siempre he escuchado que el pecado nos aleja de Dios. En cierto sentido es correcto, porque Dios es bueno y aborrece el pecado. También es cierto que cuando pecamos somos nosotros quienes, como Adán, Eva, Caín y otros, nos escondemos, porque reconocemos que hemos hecho algo malo delante de Él y no queremos sufrir las consecuencias o no queremos dejar de hacer lo que sabemos está mal delante de Él. Lo que me hace entender es que lo que verdaderamente nos aleja de Dios es la falta de arrepentimiento y confesión de nuestros pecados. 

Así mismo, nosotros como padres tenemos que entender que nuestras acciones afectan a nuestros hijos y que nuestro pasado en ocasiones afecta nuestro presente. Por ejemplo: Caín hizo lo mismo que sus padres. Desobedeció y trató de alejarse de la presencia de Dios. También trató de justificar que no era responsable de Abel y se fue a esconder. La diferencia de Adán y Eva es que ellos desobedecieron, se escondieron, se justificaron, pero confesaron y se arrepintieron. Por esa razón, Adan y Eva fueron vestidos y Dios se mantuvo con ellos hasta que llegó la consecuencia de su pecado, la muerte.

Así también si pecamos o desobedecemos viviremos las consecuencias, pero si no negamos nuestra responsabilidad y confesamos a Dios nuestros hechos, Él es fiel y justo para perdonar y limpiarnos de toda maldad y así estar junto a nosotros para siempre. 

Les invito a que reflexionen y piensen si necesitan hablar con Dios y pedirle perdón. Si es así, confiesen lo que han hecho y demuestren con sus acciones que están arrepentidos. Les aseguro que Dios les vestirá nuevamente con amor y estará junto a ustedes para siempre. 

¡Dios les bendiga!

Con amor,

A. Lamboy

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