Tema: ¡Yo no quiero ser cortado!

Luego Jesús les contó la siguiente historia: «Un hombre plantó una higuera en su jardín, y regresó varias veces para ver si había dado algún fruto, pero siempre quedaba decepcionado. Finalmente le dijo al jardinero: “Llevo tres años esperando, ¡y no ha producido ni un solo higo! Córtala, solo ocupa espacio en mi jardín”. »El jardinero respondió: “Señor, dale otra oportunidad. Déjala un año más, y le daré un cuidado especial y mucho fertilizante. Si el año próximo da higos, bien. Si no, entonces puedes cortarla”».

(Lucas 13:6‭-‬9 NTV)

Muchas veces he escuchado esta parábola, y aunque parece sencilla de entender, yo pensaba que a mí no me aplicaba. Mientras reflexionaba y oraba, recordé cuando en una ocasión un hermano en la fe y compañero de trabajo me dijo: “¿Qué estás esperando?  Si no haces lo que Él te mandó a hacer, serás cortado. Yo en ese momento afirmé, “yo quiero hacer su voluntad y realmente no quiero ser cortado.” Él no me pudo decir más, pero escribió en un papel algo que se confirmó más adelante. En ese día, yo comprendí que en efecto si no hago la voluntad de Dios, y no doy frutos, así como la higuera seré cortado y tirado al fuego. 

No digo esto para poner a Dios como un malvado tirano cuya única razón de ser es cortar y quemar. Más bien quiero que vean a un Dios de misericordia el cual aún cuando no damos frutos ni hacemos lo que Él puso como propósito en nuestras vidas, nos da alguien como el jardinero, que abogará por nosotros y pedirá más tiempo para que con su cuidado demos frutos y no seamos cortados. Pienso que aquel hombre que sembró, también tiene derecho y razón de cortar la planta que lo decepciona al no dar el fruto deseado. Por lo tanto, me impresiona mucho que siga dando tiempo al jardinero. No muchos de nosotros hubiéramos esperado más tiempo, pero ese hombre decidió esperar más. Creo firmemente que en su corazón Él no quería cortarla, es más, solo quería que diera el fruto por lo cual había sido sembrada la higuera. 

Ese hombre que sembró la semilla representa a Dios, quién nos creó. La higuera estéril que no da fruto es aquel ser vivo que siendo creado por Dios, no sigue su voluntad y por esa razón no ha podido dar el fruto de servicio, adoración y amor a su creador y a su prójimo. Ese puedo ser yo cuando no hago la voluntad de mi Padre. El jardinero es Jesús, ese que nos ha dado agua y alimento. Ese que vela por nuestro cuidado, tratando de evitar que una plaga como el pecado nos marchite y haga daño. Jesús es quien nos defiende aún cuando no estamos haciendo lo que debemos hacer, porque Él reconoce y confía en nuestro potencial de dar frutos. Hay mucho más que puedo decir acerca de esta parábola, pero hoy quiero recalcar que:

1- Dios nos ama y bajo ningún concepto quiere en su corazón que seamos cortados de su presencia y echados al fuego. Aún así, si nos mantenemos rebeldes a su palabra y voluntad, llegará el momento en que sucederá. 

2- Fuimos creados para dar frutos. La manera que lo hacemos es dejándonos cultivar por el jardinero de jardineros, Jesús. Él sabe lo que es mejor para nosotros y más aún, sabe lo que el Padre quiere de nosotros. Jesús nos echará los nutrientes necesarios para que podamos dar frutos agradables y saludables. 

3- Jesús siempre peleará nuestras batallas con y por nosotros y abogará ante Dios para que sea tardo en hacer justicia con nosotros. Dios hará justicia, pero Jesús le seguirá diciendo que le dé un poco más de tiempo. Al final, Jesús mismo cortará y quemará a aquellos quienes, por rebeldía y no por falta de cuidado, dejaron o nunca pudieron dar el fruto para el cual fueron creados. 

Yo no sé tú, pero yo no quiero ser cortado y tampoco quiero que tú lo seas. Te exhorto a buscar más de la Palabra y hacer tu propia reflexión. Ora a Dios para que hable a través de su palabra a tu vida y si no lo has hecho, dale tu corazón y pon tu vida en las manos de Jesús. Al hacerlo tendrás el mejor jardinero para cuidar de ti y de una higuera estéril pasarás a ser una higuera que dé fruto. Yo quiero ser esa higuera. 

Que Dios nos bendiga y haga plantas llenas de fruto para alimentar a aquellos que lo necesitan.

Con mucho amor,

A. Lamboy

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